SEGUNDA PARTE.
La inteligencia artificial, ¡un camino sin retorno!
Hasta ese momento la inteligencia había sido su aliada, su amiga incondicional. Pero ese nuevo camino emprendido por su amiga, ese futuro como destino de un andar que orillaba al propio Ser humano en su desarrollo adjetivado como "artificial", le inquietó desde el primer momento, le hizo sentir que algo se rompía irremediablemente en su relación de tanto tiempo y EXTRAORDINARIAS vivencias.
Que ese camino tenía todo el aspecto de ser un camino sin retorno, el que..., por primera vez, no sentía la necesidad de seguir con su antigua aliada y amiga.
Claramente, era un camino que conllevaba el inicio de otro, como disyuntiva y bifurcación necesaria que no dejaba al Ser humano en la cuneta de la evolución. Lo cual le hacía discrepar irremediablemente con la inteligencia en su innecesaria creencia y tendencia, egocéntrica y hedonista, de Ser, sobre cualquier otra cosa o esencia creadas, la más importante. Una creencia y necesidad esta de la inteligencia que, por otra parte, acontecía nítidamente incomprensible para él; y que, sin embargo, ella alimentaba hasta el punto de renunciar a su condición de nombre propio más que destacado, para someterse a la sustantividad común, adjetivada por algo tan susceptible de cuestionamiento como "lo artificial".
¿Cómo era posible que su amiga de toda la vida abandonara lo natural de su propia razón de ser, para abrazar tesis y futuros artificiales que respondían a, brillantes sí, pero también fútiles mentes intoxicadas por el exceso de sus egos y vanidades, en pos de respuestas a necesidades muy alejadas de las más importantes por prioritarias, relacionadas con el Ser humano y su hábitat, hogar compartido y maravilloso hasta ese momento?
Un momento en el que, más que nunca, se necesitaban unidos y responsabilizados, porque había mucho que hacer, que mejorar para evitar justamente que el maravilloso hogar compartido hasta entonces..., el planeta en el que nacieron y se desarrollaron creativa y esperanzadamente, dejara de serlo progresivamente, en parte como consecuencia del hacer desmesurado, desequilibrado y enfermizamente egoísta..., sí, de Él, aunque de acuerdo a sus últimas decisiones..., quizá demasiado influido por su amiga... "al parecer no del alma", la inteligencia.
Antítesis segunda; séptimo capítulo:
¡Inteligencia..., temida amiga!
Aunque lo más grave no era el desacuerdo que su amiga Inteligencia había provocado con su decisión de..., "ser artificial". Lo más inquietante empezó a percibirlo en los escenarios que del futuro proyectaba junto a sus especiales..., "compañeros de viaje". Fundamentalmente a los que se dieron en identificar como "los Transhumanistas".
Y es que..., las previas adjetivaciones aceptadas por su amiga a partir del trabajo de muy distintos pensadores y creadores en su camino compartido hasta ese momento, ya fueran "Homo Sapiens Sapiens" o los más especializados y también súper-egocéntricos "Homo Sapiens Económicus"(posible punto de partida de los auto-nombrados "Transhumanistas" dado su común denominador de híper racionalidad como principio incuestionable, de ambición insaciable y egos desmedidos), seguían respondiendo, por muy diferentes que parecieran unas de otras, o por muy distintos que fueran los ámbitos de su aplicación y procedencia, en lo esencial, a la necesidad de dar respuestas al Ser Humano en su evolución inteligente y razonable, en especial a las que él requería en su estadio de mayor evolución desde el pensamiento más elaborado
Que al final, por muy complejo que aparentara ser o pudieran parecer estas propuestas de su amiga, tan solo le planteaban que se multiplicara adjetivándose, de la forma más coherente posible con su implicación en las diferentes áreas del sentir, pensar y actuar junto a él, pero que no le obligaban a dejar de ser propiamente ella misma; y menos, a que dejara de lado a su compañero de viaje, el Ser Humano, justamente en ese estadio de máxima interacción creativa y proyectiva que él había asumido junto a su amiga, con total ilusión, esperanza y compromiso, como Homo Sapiens Sapiens.
Incluso en el caso de la exitosa y afamada Inteligencia Emocional que había llegado a prácticamente todos los rincones del planeta, en todo tipo de formas y propuestas: programas educativos, juguetes que contribuían a su desarrollo o anuncios clasificados de personas que afirmaban buscarla en sus parejas, etc.; y a partir de la cual, la misma UNESCO, puso en marcha una iniciativa mundial y remitió a los ministros de educación de 140 países una declaración con los 10 principios básicos imprescindibles para poner en marcha programas de aprendizaje social y emocional; pero que, incluso en este caso extraordinario del desarrollo de la Inteligencia Emocional, ella, no requería dejar de lado a su compañero de viaje, el Ser Humano, sino que..., al contrario, lo necesitaba y valoraba más que nunca.
No obstante... ¿podría ser este camino andado como Inteligencia Emocional, el que hubiera actuado de precursor en la decisión tomada por su amiga la Inteligencia, ante la propuesta de emprender el inquietante camino de "ser artificial"? Porque, con desproporcionado y desequilibrante orgullo ante la adquirida capacidad para controlar nuestras emociones, es verdad que -aunque con grandes avances en la comprensión de nuestro ser más emocional- no hemos podido evitar el error de imponer nuestra racionalidad a nuestros sentimientos y el de atribuirle a esta la causa de todos nuestros actos.
La inteligencia, en nueva unión a estos "Transhumanistas", perfectamente acreditados por el éxito tecnológico y avalados por las mentes científicamente más evolucionadas del momento, aunque "rebajada a facultad común que necesita de la adjetivada propiedad de ser artificial" para el camino emprendido hacia futuros de ciencia ficción, mayormente innecesarios e injustificables para la misma razón natural -a la que igualmente la inteligencia dejaba abandonada en el camino de artificialidad-, esta cegada inteligencia por los flashes del ego y de la vanidad "sobre humana" de sus nuevos compañeros, empezaba a dar miedo; razonable y sensiblemente, miedo a él, al Ser Humano, al ya muy avanzado Homo Sapiens Sapiens que, desde su origen remoto y todavía inescrutable, había recorrido e interpretado su propio devenir referido como historia, junto a la inteligencia a la que sintió nacer, crecer y desarrollarse cual hija de su emparentada naturaleza con la misma vida.
Si; empezaba a ser temida por él..., al tiempo que le hacía sentir una pena indescriptible. Cual padre que es abandonado por sus descendientes como ser inútil, solo capaz de ser lastre para su ambición deshumanizada, para sus egos y diosificadas búsquedas..., quienes, aunque declarados ateos, sin naturaleza o esencia superior alguna que les ayude en el camino, verdaderamente si son creyentes de un único Dios... ellos mismos.
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